Mientras hacia un trabajo en un lugar distante supe de la muerte de don José Domingo Choquehuanca, aquel hombre que dedicó su existencia a la empresa y sobre todo al liderazgo popular. Lo conocemos como fundador de AUPA y como su figura más emblemática.
Un recuerdo muy grato, de los muchos que conservamos los que fuimos sus compañeros de promoción, estudiamos Historia en la UNSA, se remonta precisamente a las aulas universitarias, al primer año en la Escuela Profesional de Historia, ingresamos en el año 1985, el primer día de clases, una tarde de ese año, habíamos esperado mucho tiempo la llegada de nuestros profesores, mientras esto pasaba, conversábamos, nos conocíamos los recién ingresados, hablamos de nuestros colegios, de nuestras aspiraciones, de nuestros proyectos y seguramente, también, de nada importante, hasta que en el aula se apareció un hombre mayor, nosotros en promedio de 17 años, mientras que él de seguramente alrededor de los 50 años, un hombre maduro, un profesor imaginamos inmediatamente y de manera inmediata dejamos de conversar, dejamos de voltear y nos preparamos para escuchar a nuestro primer profesor, sin embargo, él no habló, no se puso al frente, sino, como cualquiera de nosotros, se sentó en la primera carpeta del aula, al principio no imaginamos nada, pero conforme pasaban los minutos y el profesor no decía nada, se sintió un ambiente de confusión, molestia y de reclamo por las horas que se perdían, eso también debió sentirlo nuestro visitante y para disipar las dudas se paro y nos señaló que él no era profesor, que era estudiante como nosotros y que se llamaba José Domingo Choquehuanca.
Era 1985, año en que conocimos a José Domingo Choquehuanca, ingresó a historia por varias razones, para demostrar que la edad no era inconveniente de estudio, para conocer el pasado, para ser mejor en su carrera de empresario y dirigente, era un estudiante sin ninguna diferencia con nosotros, un alumno preocupado, un "joven" que se confundía con los adolescentes que éramos en aquel entonces. Claro sus múltiples ocupaciones a veces lo alejaban de las clases, pero para eso estábamos sus compañeros, para ayudarlo cuando era necesario una copia, una clase, una charla. Era un estudiante que siempre participaba en las clases, siempre tenia argumentos, ideas, aportes, había vivido más que nadie de nosotros y eso lo ayudaba mucho al momento de estar en las clases y enriquecer las mismas en beneficio de todos.
No estuvimos con él en su última clase, como él en nuestra primera clase de Historia, es una gran perdida para Arequipa y creemos importante no olvidarlo.
Nosotros que fuimos sus colegas de estudio, sus amigos siempre lo recordaremos como un ser de mucha energía, como un gran estudiante de historia y sobre todo, como un gran hombre, que luchó toda su vida y que no desparece, por su recuerdo y obras quedaran como lecciones de historia para toda la sociedad arequipeña y peruana.

Escribe un comentario