Hasta hace muy pocos años, Juan Pablo Viscardo y Guzmán era conocido –aun lo es ahora por la mayoría de la población- sólo por la famosa “Carta a los españoles americanos” que escribiera en 1791. Esto a pesar que han pasado casi 20 años desde que Merle E. Simmons, un historiador norteamericano descubriera varios otros escritos de Viscardo en archivos de Estados Unidos e Inglaterra. Hay entonces una tarea y una obligación, hacer conocido su obra completa y dejar solo de apreciar a nuestro arequipeño universal por esta “carta” famosa.
Es por todos conocido que nuestro prócer nació en Pampacolca, el 26 de junio de 1748, un lugar de Arequipa que para 1790 cuando lo visito el Intendente Álvarez y Jiménez, es decir, 42 años después del nacimiento de Viscardo, no había cambiado mucho, esta descripción nos permite saber mas o menos como era el pueblo de Nuestra Señora de la Asunta de Pampacolca, “distante a 8 leguas de Chuquibamba (…) situado en una pampichuela que tendría cosa de una legua de llanura plana (decía Álvarez y Jiménez) con bastante numero de casas seguidas; construcción de adobes, tapial y piedra negra, con techos de madera de sauces y paja larga encima…”etc. Una larga descripción no solo geográfica, sino también social, económica, política, religiosa de Pampacolca que no debió cambiar mucho desde 1748 fecha en que nació Viscardo. Pampacolca dio al mundo a Viscardo hace ya 258 años, fecha que hoy conmemoramos con orgullo y con el deber de hacer no solo conmemoraciones, sino a la vez, difusión de su obra.
Los padres de Juan Pablo fuero Gaspar Viscardo y Guzmán de Cabrera y Manuela de Zea y Andía, quienes tuvieron 9 hijos y el penúltimo era Juan Pablo.
Los Viscardo eran gente antigua y principal de Pampacolca. Debieron tener buena posición económica.
Así, la niñez de Juan Pablo transcurre en el apacible y andino pueblo pampacolquino, en donde sus ancestros españoles se habían emparentado con los indígenas notables del lugar y a él le toca convivir y alternar con sus primos mestizos que tienen la sangre del curaca Pomacallao. Es muy probable que hablara el quechua, pese a señalar su mediocridad en el conocimiento de esta lengua.
De acuerdo con el testimonio del historiador Rubén Vargas Ugarte, ingresa a la Compañía de Jesús el 24 de mayo de 1761, cuando tenia 13 años de edad, antes lo había hecho su hermano Anselmo, su compañero en el exilio, vida y lucha en Europa. A los dos años de su noviciado y siguiendo los preceptos de los jesuitas hizo sus primeros votos y comenzó sus estudios de latinidad y humanidades en el Colegio de la Transfiguración de la ciudad del Cusco. Cuatro años después en 1767, se produce la expulsión de los jesuitas de los territorios españoles.
Efectivamente, por este decreto de Carlos III, Juan Pablo, su hermano Anselmo y todos los jesuitas del Perú tuvieron que salir expulsados, exiliados a Europa, comenzando así una nueva etapa en su vida, una etapa de lucha, de nostalgia, de ideólogo, una etapa difícil como extraordinaria.
Era el siglo XVIII, siglo que se le conoce como el de las luces, de la ilustración, de la razón, de cambios, siglo que implicaba esperanza, una especie de entusiasmo por lo que estaba por venir; que se entendía como una época de razón y de ciencia. Todo después de la crisis del siglo XVII, ahora este siglo XVIII era el de la recuperación.
Es en 1768 que Juan Pablo sale del Perú, de América, obligado por la expulsión de los jesuitas impuesta por el rey, debió partir en el navío Santa Bárbara, que el “11 de marzo de 1768 salió con 160 jesuitas”, llegaron a España por Cabo de Hornos el 10 de agosto de 1768, poco después eran llevados a Italia. Este viaje debió ser duro y plagado de dolorosas contingencias, no solo por el hecho triste de abandonar el terruño y a la familia, sino por las condiciones precarias, casi inhumanas en que debió hacerse la travesía. Pero esto recién era el comienzo, ahora nuevos y graves problemas debían resolverse; a donde llevarlos finalmente, era lo más urgente que tenían que resolver los españoles.
Muchos jesuitas se decidieron por abandonar la orden y prestaron juramento de fidelidad a la corona española. En este grupo encontramos a los Viscardo. Los disidentes entonces encaminaron a Génova, Livorno y Massacarrara, a este último lugar fueron conducidos los arequipeños y residieron en él largo tiempo.
Al separarse de la orden, confiaban, ingenuamente por cierto, que las autoridades españolas les permitirían su retorno al Perú. Lo que nunca sucedió y al parecer fue un engaño no solo premeditado, sino cruel, hecho que en opinión de algunos biógrafos influyó mucho en el animo y posterior conducta de Juan Pablo al acendrar una actitud contestataria, de critica y de rechazo a la monarquía española.
No tenemos mucha información de Viscardo revolucionario antes de 1781, fecha en que comienzan sus cartas, como aquellas fechadas el 23 y 30 de setiembre de 1781 y dirigidas al cónsul británico en Liorna Jhon Udny en cuyas cartas recuerda al Perú, sus estudios, su pueblo, datos que permiten aseverar que nunca perdió de vista su lejana tierra, que mantuvo vivo sus recuerdos y una evidente nostalgia por sus ancestros.
En una de estas cartas también hay muestras de una sólida posición política a favor del separatismo, una activa y clara participación en la revolución de Túpac Amaru, con la cual no solo se solidariza, sino que pide al funcionario británico la pronta ayuda de Inglaterra, apela a un ejercito de 40 mil hombres con oficiales ingleses, se muestra favorable a “liberar a los indios de la esclavitud de España y recuperar el imperio de sus antepasados”, intenta explicar al cónsul ingles, cuál es la realidad de la sociedad peruana para cuya definición y análisis se siente él, criollo nacido en los andes, como uno los más indicados y representativos.
Para Pacheco Vélez, historiador peruano, las cartas de 1781 “constituyen el mejor alegato criollista peruano de su tiempo y una de las mas sugestivas reflexiones sobre la sociedad peruana en las postrimerías del régimen virreinal; incluso una explicación sagaz, al interior de nuestra propia vida histórica, las raíces de una conmoción inesperada para el lejano observador europeo. Ellas determinan –añade- sin duda el primer viaje de Viscardo a Londres y un definitivo cambio de rumbo en su vida”.
Desde aquí entonces se puede hablar de Viscardo en pos de la independencia del Perú y América, de un hombre luchador y decidido, que no se refugia en falsas modestias y que expone con claridad los merecimientos que tiene para ser idóneo y representante en la revolución americana. Es a la vez conciente de que la empresa es ardua y difícil, pero acepta el reto.
Se desprende también de estas primeras cartas que no solo es un hombre de gran preparación intelectual, sino que es también activista dispuesto a venir al Perú y actuar en el campo mismo, que es un hombre de influencia, que conoce perfectamente la realidad americana, que esta instruido de la historia de su patria y que conoce muy bien los acontecimientos políticos de la vida internacional; por otro lado, se trasluce también su clara postura criollista, de español americano que se encuentra en franca pugna con los españoles europeos.
No son solo ideas, son también planes, los que se gestan en Europa a favor del Perú, luego de estas cartas hay compromisos, opiniones y el buscado viaje a Londres para exponer directamente el pedido y plan libertario. Viscardo debió estar en Londres en 1782 junto a su hermano Anselmo, no usaran sus propios nombres, Juan Pablo es ahora Paolo Rossi y Anselmo, Antonio Valessi. Este primer viaje fue largo, penoso y sin buenos resultados, recién pudieron volver a Italia, entre febrero y mayo de 1784.
Su segundo viaje que fue el último, ya que fue hasta su muerte, esta fechado desde el 15 de marzo de 1791 hasta su muerte el 10 de febrero de 1798. En esta segunda oportunidad, de más años, lo hace en mejores condiciones, no solo por el viaje, sino también en la estadía misma, no solo tiene la posibilidad de negociar traslado desde Italia, sino que es contratado como agente secreto de Inglaterra con un nada despreciable sueldo que le permite escribir, averiguar, planear en mejores condiciones que su anterior intento.
A pocos meses de su llegada a Londres, el 15 de setiembre de 1791, fecha crucial en su vida, entregó una traducción de su “carta a los españoles americanos” para que sea considerado por las autoridades británicas, esta carta famosa estuvo esta vez precedida por una larga introducción, que nos permite varias deducciones importantes, primero, la fecha en que escribió la carta famosa, por esta introducción se sabe a ciencia cierta que se hizo en 1791, era esta fecha materia de especulación. Francisco de Miranda, a la sazón difusor de Viscardo, cuando publicó la carta en 1799 señaló que “Este escrito aparentemente fue hecho en 1791” hipótesis aceptada como razonable, pero que hoy se puede afirmar con documentos que fue cierto, y no sólo eso, sino que además en aquella introducción Viscardo nos habla de una traducción al francés entregada a las autoridades inglesas lo que significa que tenía un original en castellano, es decir, y esto es importante, que en 1791 existía un manuscrito en castellano del cual no conocemos su paradero. Hoy sólo se conoce dos ejemplares manuscritos en francés de las cuales proceden todas las traducciones. En aquella oportunidad Viscardo decía de la carta:
“Con esta carta terminó la parte principal del plan que había ideado para intentar devolver la libertad a América española en caso de una guerra que parecía inminente… (Más adelante dice) estoy consiente que me expongo a las represalias de una Corte cuyos principios conozco lo suficiente para saber que usará todo su poder para deshacerse de mí”, luego dice que pese a ese peligro personal “no soy tan egoísta de abandonar una causa tan justa e importante para evitar ser víctima de ella”.
De esta manera, en esta segunda estadía en Londres no sólo concluyó su carta famosa sino que también escribió otras cartas y proclamas que hoy felizmente conocemos gracias a las investigaciones del ya mencionado Merle E. Simmons principalmente.
Esta segunda estadía le significó, una renta como agente al servicio de Inglaterra de alrededor de 400 libras esterlinas anuales, cifra importante para una persona como él.
Sobre su muerte era poco lo que se conocía hasta hace muy poco tiempo, pero hoy gracias a la libreta dejada por Rufus King, federalista norteamericano y por entonces ministro plenipotenciario de los Estados Unidos en la Corte de Inglaterra, podemos tener noticias sobre sus últimos meses y su muerte.
Poco más de dos años antes de morir, perdió la protección que gozaba del subsecretario de estado, al punto que pensó seriamente abandonar Inglaterra y enrumbar a Filadelfia en los Estados Unidos. En dicha circunstancia la intervención de Rufus King resultó absolutamente decisiva. No sólo tranquilizó los ánimos del ex-jesuita, sino también lo convenció de no ir a los Estados Unidos, accediendo al mismo tiempo al pedido de Viscardo, de guardar sus escritos propagandísticos y hacerlos conocer en Europa y América.
Así, la desolada agonía que sufrió Viscardo, el novicio desterrado y desposeído de sus bienes, el soñador infatigable en pro de la Independencia y la justicia social para todos, no hace más que evidenciar la importante intervención de Rufus King, su más intimo y último confidente. Cuando le llegó la muerte vivía en el nuevo barrio de Marylebone, al noroeste de Londres, en el complejo residencial de Allsops Bulding, levantado en el siglo XVIII.
Hoy este complejo residencial no existe, ahora se levanta en su lugar uno de los distritos más comerciales y elegantes de la capital británica. Pero en el año de 1798, en ese barrio para entonces moderno, en una humilde habitación se extinguió la vida del criollo nativo de los Andes, para entonces hombre de 50 años, solitario y desengañado del mundo, su muerte del 10 de febrero de 1798, aunque ocurrida en condiciones nada auspiciosas, representaba empero el inicio de la lucha más vigorosa y eficaz por la independencia de las colonias hispanoamericanas.
Juan Pablo Viscardo y Guzmán ha muerto hace 208 años y sin embargo, su obra, su pensamiento, sus escritos, sus ideas y sueños están vigentes y representan uno de los pensamientos americanos mas importantes de todos los tiempos.
En pensamiento de Pablo Macera debiéramos terminar por entender que Juan Pablo Viscardo y Guzmán, en otra dimensión, no puede ser pensado en términos de Pampacolca o Arequipa, ni siquiera sólo en términos del Perú; aunque tenga todos los defectos y virtudes de buen arequipeño o buen peruano y sea nuestro más importante prócer, ni siquiera es suficiente ubicarlo como criollo americano o, como el prefería decir, español americano.
Quizás a llegado el tiempo de ubicarlo en un nuevo concepto que podría ser, el de criollo, pero en concepto generalizado, como criollo colonial, ya que no sólo hubieron criollos americanos, hay criollos en muchas colonias del mundo y mientras sigan existiendo los colonialismos, entonces seguirán existiendo las revoluciones anticoloniales, seguirán existiendo los criollos y seguirán existiendo los viscardos, el mundo hoy recuerda a uno de esos criollos coloniales y se llama Juan Pablo Viscardo y Guzmán, conocerlo y entenderlo es un reto de siempre.