(publicado en suplemento especial de EL BUHO, Arequipa, 15 de agosto del 2009)
La esclavitud es una situación social que data de miles de años. En el caso del Perú tenemos algunos indicios de esclavitud en nuestras sociedades prehispánicas, pero no hay duda que este fenómeno se hace institución a la llegada de los españoles.
Esta historia, en tiempos modernos, se inicia con la expansión geográfica del mundo, viajes y descubrimientos que especializaron a los continentes a una riqueza en especial, así, por ejemplo, Sudamérica, oro y plata y el África "marfil negro" -gente- que se vendería sobre todo en las Américas.
Entre 1451 y 1600 fueron traídos unos 275,000 esclavos a América y Europa y al siglo siguiente alrededor de 1'341,000 personas, aunque la edad de oro recién seria en el siglo XVIII que se calcula fueron traídos unos 6 millones de esclavos desde el África, de los cuales el 80 % vinieron al Nuevo Mundo.
En el caso peruano, los primeros esclavos que vienen lo hacen como auxiliares de guerra, en 1528 junto a Alonso de Molina se presume que llega el primero a Tumbes. Pasada la conquista se multiplicó su número para las labores del campo y de servidumbre en la ciudad. El Perú a finales del siglo XVIII tiene una población esclava de 40,000 personas, algo como un 8 % del total de la población y en el caso de Arequipa para esa fecha alrededor de 5000 esclavos en una población quizás de 37,000 habitantes, es decir, un poco más de 13 % del total de la población.
Arequipa representa, de otra parte, junto a Moquegua uno de los dos mercados más importantes de esclavos y uno de los grandes tratantes de negros era el conquistador Lucas Martínez Begazo quien tubo el monopolio de este negocio hasta 1565 según la tesis de Carlos Ticona presentado en la UNSA. Ya para fines de la colonia los tratantes de negros de Arequipa eran Domingo Chervechea, Manuel Josef de Ocampo, Manuel Díaz Serrano, Miguel Francisco Arcos, Francisco Xavier Cornejo (alcalde de Arica y vecino de Arequipa), Manuel Angulo, Juan Bautista de Arróspide, José Antonio Mallúquiza, Emeterio Ruiz y Juan de Goyeneche, hermano del obispo y benefactor de Arequipa.
Estos comerciantes compraban esclavos bosales en el puerto de Buenos Aires y lo traían para venderlos en el sur y en Arequipa.
Los compradores de esclavos fueron los vecinos de nuestra ciudad, entre los que no faltaban presbíteros, autoridades, comerciantes y militares. Las compras se hacían a los grandes comerciantes y luego transferencias entre los propietarios de esclavos.
Hay que diferenciar a los esclavos bosales que traían los negreros y los esclavos ladinos o criollos que habían llegado anteriormente y se multiplicaban por nuevos nacimientos, los primeros venían directamente del África y os segundos habían nacido en Arequipa.
En nuestra ciudad tenemos esclavos que laboran en diferentes actividades, domesticas cuando se trata de la cocina, limpieza, lavado de ropa, servicios, transporte de agua, en casas, monasterios, hospitales y colegios y las cotizadas amas de leche, es decir, para amamantar a los hijos de los españoles, pero no era lo único a lo que en la ciudad se dedicaban, también existían muchos negros artesanos, arrieros, carpinteros, sastres, zapateros, espaderos, herreros, confiteros, sederos, etc. en número reducido, pero en situación privilegiada. Así, por ejemplo, un negro llamado Andrés de Llerena, esclavo de un encomendero, entró como socio mayoritario con un carpintero español en 1550. En otros casos aparecen como trabajadores especializados a cambio de un salario para su dueño y para sí mismo. Al final de la colonia os esclavos artesanos desaparecen de las escrituras de compra-venta, al parecer por haber sido los primeros en comprar su libertad.
Los precios de los esclavos respondían a varios factores, edad, sexo, oficio, origen, estado, comportamiento, defectos, etc. Así, una ama de leche por la importancia de su labor costaba más, los que tenían oficio también, según la historiadora Carmen Cornejo, por un herrero o carpintero se podía pagar hasta 1000 pesos, cuando el promedio de varones era 400 pesos. Si había defectos, vicios o enfermedades el precio disminuía, así un negro cimarron, ratero, borracho, aún cuando tuviera 18 años, sólo valía 150 pesos, algunos casos en Arequipa nos presentan a esclavos de 150, hasta 50 pesos por haber perdido un ojo, una mano o encontrarse huido.
Los esclavos ancianos también valían menos, tenemos el caso de la "negra esclava anciana" llamada Josefa, que fuera de Juan Mariano Goyeneche quien es vendida en 125 pesos a Josefa Pacheco de Alatrista el 24 de marzo de 1841 y vendida nuevamente por el hijo de Josefa Pacheco, Melitón Pacheco a Manuela Bolaños y Bueno, esta vez en 110 pesos el 21 de abril de 1842, es decir, bajó 15 pesos menos de 13 meses, luego, el 4 de mayo de ese mismo año, 15 días después, es nuevamente vendida por Manuela Bolaños a Toribio Pacheco y su esposa Manuela de Rivero en 120 pesos, finalmente es nuevamente vendida a Alfonso Delot y su esposa Juana Manuela Hurtado el 1 de abril de 1843 en 110 pesos, "con rebaja de diez pesos del precio en que el la compró en atención a quererle hacer una gracia a la esclava", como señala en la escritura. Aquí perdemos la pista a Josefa, en poco más de dos años, esta anciana fue vendida cuatro veces, sin contar que el propio Goyeneche señala haberla comprado, no dice a quien ni cuando, sólo dice que en 125 pesos, quiere decir, que lo vendió en el mismo valor que lo compró, cosa discutible para un comerciante como él, que tenía como negocio esté tipo de "mercaderías", seguramente lo compró a menos de 100 pesos, lo resaltante es notar la situación de esta pobre anciana comprada y vendida, en cuatro oportunidades en poco mas de dos años, de no encontrar familia que la acepte, que sea considerada quizás una mala inversión y ser vendida nuevamente, no sabemos hasta cuando.
En el siglo XIX, con la llegada de la independencia y la república la situación para los esclavos cambia, primero por que las leyes de alguna manera los favorecen y en segundo lugar por que consiguen su libertad, comprando o recibiéndolo como un regalo por parte de sus amos.
El gobierno de San Martín mediante decreto del 12 de agosto de 1821 declaró libres a todos los que nacieron después del 28 de julio y además de rescatar a los ancianos por suerte haciéndose cargo de su pago el estado, pero en el caso de Arequipa, está ley fue, en algunos casos, no acatada como sucede con la señora Dominga Villanueva quien vende a nada menos que Trinidad Morán una negra esclava llamada María "con su hija al pie nombrada Rosa" de tres años de edad en 300 pesos, se explica que el valor es 275 pesos por la madre y 25 por la hija, la fecha de esta escritura 28 de abril de 1843. En otro caso se va más allá, se justifica por la venta de un niño libre por la independencia y la constitución de 1822, es el caso de la venta de la samba Agustina Guillen y su hija Manuela de casi dos años en 325 pesos, venta que hace María Mercedes de Benavides viuda de Fermín Landazuri a favor de José Soto el 22 de setiembre de 1825, la vendedora después de consultar al Defensor de Menores sobre el particular se le dice que la constitución solo tiene cumplimiento" desde el día en que se publicó" en esta capital "y no antes de este tiempo" y como la constitución en esta fecha, recién se había publicado, se declara: "no es comprendida la libertad de Manuela, según esta soberana resolución, sino que es esclava como su madre...". Una vida seguía en dominio y patronato después de un cálculo aritmético hasta ridículo.
La esclavitud fue abolida en Huancayo el 9 de diciembre de 1854 por Ramón Castilla, pero como parte de una estrategia de lucha por el poder, Echenique era el presidente y Castilla el golpista, de haber perdido Castilla no sabemos cuando hubiera sido la abolición.
